viernes, 19 de noviembre de 2010

LA FILOSOFIA DE ANCELOTTI

Metodología y Planificación ‘Para lograr resultados, la regla de eficacia es el equipo de trabajo, y la excepción a la regla, la genialidad individual’.

Hace muchos años, Herbert Spencer, en su libro ‘The Study of Sociology’ describió los intentos de cambiar una sociedad comparándolos con los esfuerzos de un novato por corregir una abolladura en una plancha de hierro. El novato martillea la fea abolladura y no tarda en reducirla, pero inmediatamente descubre que ha surgido otra abolladura en medio de la plancha. “Ni siquiera una lámina metálica – añade Spencer – puede tratarse con éxito usando esos métodos del sentido común en los que depositamos tanta confianza”.

El Chelsea 2010/2011 es lo más perfecto, en términos de rendimiento futbolístico, que podamos encontrar en Europa. El club camina en línea recta como un rodillo imparable – su brillante inicio de temporada únicamente se ha visto frenado por una derrota ante el Manchester City en un partido extraordinariamente igualado – y buena parte del mérito hay que atribuírselo al técnico que ha sido capaz de minimizar todas esas pequeñas abolladuras, Carlo Ancelotti.

El trabajo de Ancelotti es discreto, elegante y sereno; pero no por ello debemos de obviar que estamos ante uno los entrenadores europeos más laureados de los últimos tiempos. Quizás, llegado el día, no reciba el reconocimiento que merece por un ‘problema’ de protagonismo; la mesura y la normalidad son los emblemas de un entrenador que continúa siendo fiel a los patrones que lo llevaron a triunfar en Milán.

Cuando llegó a ‘The Bridge’ pronto comprobó lo dificultoso que sería cambiar el chip de una afición ansiosa por encontrar a un nuevo José Mourinho y, con buen criterio, supo entender que si ya de por si es difícil modificar la realidad de una entidad poderosa, ese difícil se convierte en imposible si uno no tiene en cuenta la organización, el nivel de exigencia y las necesidades de un club respaldado por una grandísima inyección económica al que todavía se le resistía, y se le resiste, el cetro europeo.

A la hora de pulir su lámina, parafraseando a Herbert Spencer, Ancelotti ha tenido que variar su proyecto de partida, aquel que comenzó allá por Junio de 2009 y que se sustentaba en un rombo en el centro del campo en el que Deco y Ballack iban, en un principio, a desempeñar papeles principales. Tanto ha evolucionado esa proposición inicial que actualmente ni Deco, ni Ballack – tampoco Carvalho, Belletti o Joe Cole -, figuran en la plantilla blue. Se marcharon jugadores veteranos, con peso específico en el club y Ramires (extraordinario rendimiento) y Benayoun representan las únicas caras nuevas. Ancelotti ha decidido afianzar su propuesta por un 4 -3 -3 férreo y sólido, en el que ya confió a mediados de la pasada temporada, con centrocampistas poderosos, de gran recorrido, que acompañan desde segunda línea a un ataque poblado y contundente con un Drogba en estado de gracia en el mes y medio que llevamos de competición.

Es incuestionable que en el deporte todo sufre erosión y esta erosión es la que no debe de permitirnos soñar con una utópica perfección, irreal e imposible por lo que, parece evidente, el Chelsea no podrá prolongar esta dinámica eternamente y Ancelotti se verá forzado, de nuevo, a usar el martillo y modificar las imperfecciones.

El juego:

1. Pases cortos, velocidad, múltiples opciones ofensivas. Malouda, Drogba y Anelka atacan en bloque. Ancelotti diseña el trabajo ofensivo en equipo.

2. Essien y Ramires, ida y vuelta. Cinco opciones siempre por delante del pasador. Sensación de peligro constante para el rival.

3. Compromiso defensivo de todo el equipo, repliegue rápido y eficaz. Solidez. Cech recupera sensaciones.

4. Presión fuerte en campo contrario. Malouda y Anelka retroceden unos metros y se incorporan a una línea de 5 que dificulta la salida de balón del contrario. Se fuerza el error del rival en su propio campo. Essien vuelve pletórico de su grave lesión.

5. Obi Mikel: 594 minutos en 7 partidos de Premier. Sus fundamentos tácticos y su capacidad para unir al equipo mejoran partido a partido. Protagonista.

La dinámica:



La alineación titular está perfectamente definida, los jugadores de más galones se sienten importantes, hay química y los resultados favorecen la cooperación. Las victorias justifican el desgaste del colectivo. Se genera competencia, los menos habituales quieren entrar en el once y ser participes de los buenos resultados.

En definitiva, la realidad del actual Chelsea se asemeja demasiado a un viejo lema cartujo, ‘Numquam reformatur quia nuncuam deformatur’ (nunca hubo que reformarla porque nunca hemos dejado que se reforme). Sin embargo, los valles y picos en la condición física de los jugadores, unidos a las lesiones y sanciones, deformarán una máquina perfectamente engrasada; llegados a ese punto podremos analizar en perspectiva la capacidad del técnico italiano para reinventarse y valorar un horizonte temporal en el que los automatismos del Chelsea se mostraron casi perfectos. El tiempo dictará sentencia, de momento la labor de Ancelotti se merece un notable alto.
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